Supongamos que no te he dejado de amar.

Quiero suponer por un momento que lo nuestro nunca acabó, que hubiera pasado si en aquel momento no hubiéramos decidido decir adiós, como sería nuestro día a día, habríamos continuado con aquellos planes que juntos teníamos o hubiéramos hecho algo completamente distinto…









Ya aprovechando esta ilusión en la que me he sometido, para regocijarme de aquellos momentos que brillaron tanto que como tinta indeleble marcaron el libro de mi vida en el que solo yo había escrito hasta que llegaste tú, supongamos que no he olvidado el primer beso que me diste y la forma tan extraña en que lograste seducirme, ni las mañanas frías en las que nos acurrucábamos juntos para compartir ese calor, ese calor que supongamos que hoy me falta, y que a pesar del clima también supondré que extraño tanto.




Por un momento pretendamos que no vivimos esa charla acalorada en la que decidimos terminar con la historia que habíamos forjado juntos, supongamos que el amor pudo más que nuestro ego, que nuestro orgullo se doblego ante la prioridad de no perder un amor verdadero, y finjamos también que nuestro amor fue tan hermoso que trascenderá a pesar del tiempo y de todo aquello que nos toque experimentar.
Supongamos que quiero que lo intentemos de nuevo, supongamos que no ha pasado ni un solo momento desde el día en que nos despedimos que no haya pensado en ti, supongamos que estoy arrepentida de que no nos aferráramos más a nuestro amor, supongamos que siento la parte en que me equivoque y que tu asumes y sientes lo mismo que yo.

Ahora ya desvariando un poco de más supongamos que lo mismo te pasa, que no me has podido olvidar y que cada segundo que pasa es una espina que se clava en lo más profundo de tu corazón, que has valorado todo el amor que te daba y las charlas que teníamos y cuando bailábamos solos en un rincón de mi habitación, con la música bajita, sin zapatos y yo sobre tus pies, que no puedes sosegar la sed de mis besos, y que sin mis brazos ya no descansas igual en las noches al dormir, que despiertas diciendo mi nombre, que al almorzar siempre pones un plato de mas, que la soledad te ha invadido hasta el alma y que sientes que puedes volver a amar, pero nunca de la forma en que me amaste a mí.


Supongamos que lo nuestro tuviera un arreglo, supongamos que te pregunto: ¿Te gustaría vivir en esta suposición?

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About Sergio Montes

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